No es el mejor momento de la gestión. El oficialismo se ha tomado un tren de escape (más bien un avión) para tomar aire fresco. Pero los aires ya no son tan buenos aires. Otra vez la gestión del gobernador José Alperovich está bajo la atenta mirada del cristinismo. Y ya no es sólo por una cuestión financiera. Ahora es política. El viaje a Dubai abre otra grieta en la relación con la Casa Rosada. Trata de ser presentado como una misión comercial, pero no es más que un viaje de placer, para cargar las pilas como argumentó un funcionario de la Casa de Gobierno.
La anestesia social está preparado. Un gobierno que -en tan poco tiempo- le ha metido nuevamente la mano en el bolsillo a los tucumanos con revalúos inmobiliarios y, consecuentemente, incrementos en los impuestos patrimoniales, no ha salido ileso de la repulsa de la sociedad. La primera dósis de aquella anestesia es la extensión de la moratoria. La segunda son las bonificaciones por pago de contado. La tercera -y tal vez la más importante- el pago de los sueldos a los estatales. Sin embargo, la convocatoria al 8N sigue viva a través de las redes sociales. El punto de protesta ya dejó de ser sólo la gestión de la presidenta Cristina Fernández. Ahora, varios sectores -en particular, la clase media- le dicen basta a los avances de Alperovich en materia fiscal. Pero también intentan ponerle un freno a una posible re-reelección.
El desgaste no ha sido medido. Y si lo hay, el silenció será el principal refugio dentro del alperovichismo. Tampoco se sabe quiénes serán los contrincantes de la nueva batalla electoral que se dará en 2013. Sólo asoman tibios opositores de una pelea que, por razones económicas, la dan por perdida de antemano. Pero en el oficialismo hay mar de fondo. El alperovichismo ha mostrado en varios pasajes de su gestión desde 2003 que no ha peor grieta que la que se abre internamente. Todos se sienten con derechos a reclamar un lugar, pero el gobernador se encarga de las bendiciones...hasta las próximas elecciones. La lista puede tener refuerzos foráneos al poder alperovichista. Todo sea por no cortar el cordón umbilical con el cristinismo. No se tratará de una renovación natural de cuadros políticos.
El alperovichismo navega por aguas turbulentas. Las internas son más recurrentes que en otras épocas. El mandatario las sigue alimentando. Es una forma de seguir atomizando la tropa en caso de que alguien quiera mostrarse como sucesor natural. No los hay. El proyecto es Alperovich; sólo él, como lo fue siempre. Por eso es que todavía está latente la idea reformista. Nunca se la abandonó. Está guardada en el cajón de un escritorio del primer piso de la Casa de Gobierno, a la espera del momento para avanzar con ella, con la idea de continuidad casi eterna.
Mientras haya plata, el oxígeno persistirá. No se puede hablar de una agonía fiscal. Un gobierno que atesora dólares no puede calificarse como pobre. Hace unos días, Alperovich trató de mostrarse como un alumno aplicado ante los funcionarios nacionales. Con esa postura, quiso asegurarse el premio que el kirchnerismo siempre otorgó a los que se portan bien en la escuela K. Ese galardón tiene nombre y apellido: transferencias discrecionales. Ese dinero que llega en tiempos electorales para ejecutar obras públicas que no pueden -o no se han previsto- financiarse con el presupuesto provincial. Esa plata con la que se comprarán algunas bancas en juego en la próxima compulsa, en la que el alperovichismo no tiene cifradas grandes aspiraciones por temor al efecto "malestar social", el mismo que se percibió en 2009 con la pelea entre el Gobierno nacional y el campo.
Ese es el rumbo que trata de evitar la flota alperovichista.